Trabajo de la sesión 1
Una muy vieja forma de aprender
Introducción
“Los niños de hoy nacen con un chip integrado”, es una frase que se oye decir a muchos adultos cuando ven la facilidad con la que un niño o joven, nacido a finales de la década de los ochentas o después, hace uso de cualquier aplicación que tenga un teléfono celular, un iPod, una palm o al navegar en internet.
La sorpresa es mayor al ver que estas actividades implican procesos mentales complejos que requieren de ciertas habilidades que el niño o joven ha aprendido sin haber recibido un curso especial ni haber estudiado con un maestro que le indicará cómo hacer las cosas. Han sido autodidactas o lo han aprendido en comunidades de aprendizaje, no formales, con sus iguales, a través de los propios medios tecnológicos que poseen.
Para las generaciones de jóvenes el acceso a la tecnología de punta es sin lugar a dudas un parteaguas en la forma como están aprendiendo. Pero además este fenómeno tiene un impacto muy fuerte al presionar cambios en el modelo de enseñanza formal que prevalece en nuestra sociedad.
Modelo, por cierto, altamente cuestionado ante las actitudes de rechazo que muchos estudiantes tienen en relación a métodos didácticos y temas que les son impuestos en las aulas. Este fenómeno no es privativo de México, Papert y Adell hablan de ello en sus escritos como algo recurrente en muchos países. De hecho Papert señala que este panorama lleva a plantear la necesidad de reconstruir la educación.
Ahora bien, si el niño o el joven es por naturaleza inquisitivo, curioso y desea aprender ¿por qué su actitud en el aula es diferente a la actitud que tiene cuando aprende en su entorno cotidiano?
En este ensayo analizaremos algunos elementos que están presentes en la vida cotidiana de los jóvenes y que favorecen su interés para realizar actividades que implican el desarrollo de habilidades y adquisición de conocimientos. Por otro lado describiremos un ambiente escolar típico en donde suele inhibirse este proceso, para finalizar con el planteamiento de algunas líneas de acción que podrían coadyuvar en el análisis de alternativas a la crisis en la que está inmerso el sector educativo de nuestro país.
Aprender haciendo
El aprendizaje como una alternativa activa
En el estrato medio y alto de la población mexicana es bastante común que los jóvenes tengan acceso a tecnología de punta que ha revolucionado su forma de pensar, de ser y de interactuar. El teléfono celular, la computadora, el internet, son instrumentos tecnológicos que manejan sin ninguna dificultad. Aprender y querer aprender es su modo natural vivir.
Sin embargo, una de las quejas más recurrentes de los docentes de casi cualquier nivel educativo en México es la apatía, el desinterés de los alumnos por aprender, por estar en las aulas. En algunos casos, el profesor se esfuerza por hacer su clase lo más dinámica posible y aun así los resultados son mínimos.
Pero si esos mismos alumnos son llevados a El Papalote, museo del niño, podremos observar otras actitudes, similares a las que tiene un bebé en relación a su entorno.
Veremos a ambos buscar, palpar, oler, oír y ver todo lo que está a su alrededor, sin querer irse del lugar.
Están haciendo uso de una característica innata en el hombre: la curiosidad. Pero además están interactuando con el objeto de su interés, lo que les va a permitir conocer y, a la larga, entender su mundo desde adentro. Y lo mejor es que su entorno los motiva a ello, les da el espacio, las herramientas y el permiso para hacerlo.
Durante el recorrido en el museo, además de experimentar en cada sección a las que quisieron entrar, los alumnos habrán tomado fotos o video con su celular e incluso antes de salir del lugar los habrán enviado a sus amigos o familiares. También hablaron por teléfono y algunos habrán tomado notas de aquello que se les haya pedido reportar en su agenda portátil.
Otros más al llegar a casa subirán a su red social las fotos del día y platicarán en su “chat” de aquello que les interesó. A la par, probablemente estén planeado otras actividades o poniendo a consideración de sus amigos lo que se hará en los próximos días. Otros más elaborarán el trabajo escolar en equipo, aunque cada uno estará en su casa. La información que les haga falta la buscarán por internet y la integrarán a veces clasificada, analizada y en otras ocasiones de manera textual.
Y si uno se pregunta cómo es que dominan todos esos aparatos habrá respuestas desde que un amigo o un familiar les enseño lo básico, hasta que a base de ensayo y error o con ayuda de los tutoriales fueron adueñándose de la tecnología.
A un ritmo muy veloz el mercado ofrece nuevas aplicaciones, nuevas versiones mejoradas de sus productos a fin de mantener sus ventas. Pero esto no es impedimento para los jóvenes; el día que adquieren un nuevo producto tecnológico tardan muy poco tiempo en entender su funcionamiento. Su lógica ya se apropió de la lógica con la que funciona la tecnología y sólo la ponen en uso.
Este ejemplo nos hace ver que, como dice Papert, la máquina del saber no es más que una pequeña muestra de cómo los nuevos medios modificarán las relaciones de los niños (y los jóvenes) con el conocimiento.
Y no podemos más que coincidir con Jordi Adell cuando refiere que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en todos los ámbitos de nuestras vidas, están cambiando nuestra manera de hacer las cosas: de trabajar, de divertirnos, de relacionarnos y de aprender. De modo sutil también están cambiando nuestra forma de pensar.
Aprender escuchando
El aprendizaje como una alternativa pasiva
Si asistimos a un aula en alguna escuela primaria promedio de México generalmente el panorama que encontraremos será el siguiente: aulas con cupo para aproximadamente 45 niños, hileras de sillas con un mínimo espacio para circular entre ellas, imposibilidad de dar otro acomodo. Si es una escuela pública, probablemente contará con un televisor, una computadora, un cañón y el sistema de Enciclomedia.
Al inicio de clase el maestro señala los contenidos que se abordarán, indicará qué materiales se usarán, de dónde a dónde habrán de leer. Explicará el contenido y los alumnos intentarán mantener su atención en lo que dice el maestro. En ocasiones resolverán algunos ejercicios de su libro. En todo el proceso el alumno escucha, hace lo que le dicen y hasta donde le dicen. Es decir se le señala el qué, cómo, cuándo, con qué y para qué.
Si el maestro está capacitado para el uso de la Enciclomedia la usará como apoyo didáctico en algunos contenidos. Él decidirá qué, cómo y cuándo.
El rol del alumno es netamente pasivo. La inclusión de tecnología en el aula se usa como un recurso didáctico de apoyo secundario y es manejado por el docente.
Al alumno no se le permite opinar qué estudiar y está normado por reglas de conducta verticales que debe seguir a fin de tener lo que se considera un buen aprovechamiento escolar.
A casa, el alumno se lleva tareas predeterminadas por el docente. Y al día siguiente el estudiante regresará a sentarse a escuchar y seguir las órdenes que le indiquen los conocimientos que ha de acumular en esa sesión.
Análisis y discusión
A primera vista podemos observar que existe un abismo en las formas cotidianas de vivir y aprender de los jóvenes en relación a lo que sucede en el aula. La capacidad de elegir qué hacer, cómo hacerlo, para los jóvenes, ha cobrado una dimensión totalmente diferente con la incorporación de la tecnología y en especial del internet.
La interacción que se logra a través de la red fomenta el uso de un elemento central en el desarrollo de la humanidad: la curiosidad y la búsqueda de respuestas.
Este factor que se estimula en los primeros años de vida de los niños es sin embargo, en la sociedad occidental moderna, relegado a un segundo plano conforme el niño va creciendo.
En la visión de los adultos el niño debe aprender sólo lo que ellos consideran necesario y de la manera que juzgan conveniente. En consecuencia este principio se encuentra en los modelos pedagógicos que se practican en la mayoría de las escuelas y son la base de la estructura educativa dictada desde el Estado.
La pedagogía tradicional centrada en un actor activo, que es el maestro y un alumno en un rol pasivo, conforman una dupla en la que el saber es entregado al alumno como un conocimiento ya terminado y no como un proceso que deba construir por sí mismo. El saber lo poseen unos cuantos y se transmite sólo en el espacio y con las técnicas consideradas adecuadas: la escuela, el maestro, los libros.
Sin embargo este concepto y modelo de enseñanza ha sido cuestionado desde hace ya varios años.
El avance en el desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha propiciado un cambio en las formas cotidianas de aprendizaje, convivencia e interacción humana y abre un espectro enorme de posibilidades para una nueva relación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Los jóvenes y su interacción con la tecnología son una ventana a los diferentes escenarios posibles en el aprendizaje humano que deben considerarse al plantear la política educativa de cualquier país.
Adell señala que los roles de profesores, alumnos y personal de apoyo deben adaptarse a los nuevos entornos. No sólo se trata de adquirir conocimientos generales sobre cómo usar los nuevos medios, sino también de las implicaciones de dichos tipos de comunicación en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Los estudiantes deberán adoptar un papel mucho más activo, protagonizando su formación en un ambiente muy rico en información.
Pero se les debe dar el espacio para ello. Un ambiente escolar enriquecido con tecnología requiere a su vez un modelo pedagógico que privilegie la iniciativa e intereses del alumno. La búsqueda de respuestas a sus inquietudes debe llevar una orientación de las opciones que tiene para adquirir las respuestas. El rol del maestro debe cambiar hacia ser un guía en el aprendizaje que el alumno debe construir; en ello la tecnología juega un papel esencial pues lo ayuda a ser intelectualmente independiente, lo cual tendrá sus efectos en el tipo de adulto que se estará formando.
Pero para lograr esto se necesita voluntad política para hacer los cambios necesarios en infraestructura, en capacitación pedagógica, en actitudes ante la resistencia al cambio en los adultos a fin de no coartar el desarrollo de los jóvenes. Sin embargo la tendencia hacia estos cambios parece irreversible.
Reencontrarse con las maneras naturales de aprender, incorporarlas en el sistema educativo, teniendo la ventaja de contar ahora con herramientas tecnológicas que potencian enormemente este proceso, transformará a la sociedad humana tal como la conocemos.
Hacia dónde nos encaminamos es una pregunta que habrá que plantearse desde ahora para poder encauzar estos cambios hacia la creación de una sociedad más justa e incluyente.
Bibliografía
ADELL, Jordi (1997) Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías de la información, en: EDUTEC Revista Electrónica de Tecnología Educativa, Núm. 7. noviembre 1997, Dpto. Ciencias de la Educación, Universidad de las Islas Baleares, con la colaboración de la Asociación de Usuarios Españoles de Satélites para la Educación (EEOS). Consultado en:http://www.uib.es/depart/gte/edutec-e/revelec7/revelec7.html
PAPERT, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós
Una muy vieja forma de aprender
Introducción
“Los niños de hoy nacen con un chip integrado”, es una frase que se oye decir a muchos adultos cuando ven la facilidad con la que un niño o joven, nacido a finales de la década de los ochentas o después, hace uso de cualquier aplicación que tenga un teléfono celular, un iPod, una palm o al navegar en internet.
La sorpresa es mayor al ver que estas actividades implican procesos mentales complejos que requieren de ciertas habilidades que el niño o joven ha aprendido sin haber recibido un curso especial ni haber estudiado con un maestro que le indicará cómo hacer las cosas. Han sido autodidactas o lo han aprendido en comunidades de aprendizaje, no formales, con sus iguales, a través de los propios medios tecnológicos que poseen.
Para las generaciones de jóvenes el acceso a la tecnología de punta es sin lugar a dudas un parteaguas en la forma como están aprendiendo. Pero además este fenómeno tiene un impacto muy fuerte al presionar cambios en el modelo de enseñanza formal que prevalece en nuestra sociedad.
Modelo, por cierto, altamente cuestionado ante las actitudes de rechazo que muchos estudiantes tienen en relación a métodos didácticos y temas que les son impuestos en las aulas. Este fenómeno no es privativo de México, Papert y Adell hablan de ello en sus escritos como algo recurrente en muchos países. De hecho Papert señala que este panorama lleva a plantear la necesidad de reconstruir la educación.
Ahora bien, si el niño o el joven es por naturaleza inquisitivo, curioso y desea aprender ¿por qué su actitud en el aula es diferente a la actitud que tiene cuando aprende en su entorno cotidiano?
En este ensayo analizaremos algunos elementos que están presentes en la vida cotidiana de los jóvenes y que favorecen su interés para realizar actividades que implican el desarrollo de habilidades y adquisición de conocimientos. Por otro lado describiremos un ambiente escolar típico en donde suele inhibirse este proceso, para finalizar con el planteamiento de algunas líneas de acción que podrían coadyuvar en el análisis de alternativas a la crisis en la que está inmerso el sector educativo de nuestro país.
Aprender haciendo
El aprendizaje como una alternativa activa
En el estrato medio y alto de la población mexicana es bastante común que los jóvenes tengan acceso a tecnología de punta que ha revolucionado su forma de pensar, de ser y de interactuar. El teléfono celular, la computadora, el internet, son instrumentos tecnológicos que manejan sin ninguna dificultad. Aprender y querer aprender es su modo natural vivir.
Sin embargo, una de las quejas más recurrentes de los docentes de casi cualquier nivel educativo en México es la apatía, el desinterés de los alumnos por aprender, por estar en las aulas. En algunos casos, el profesor se esfuerza por hacer su clase lo más dinámica posible y aun así los resultados son mínimos.
Pero si esos mismos alumnos son llevados a El Papalote, museo del niño, podremos observar otras actitudes, similares a las que tiene un bebé en relación a su entorno.
Veremos a ambos buscar, palpar, oler, oír y ver todo lo que está a su alrededor, sin querer irse del lugar.
Están haciendo uso de una característica innata en el hombre: la curiosidad. Pero además están interactuando con el objeto de su interés, lo que les va a permitir conocer y, a la larga, entender su mundo desde adentro. Y lo mejor es que su entorno los motiva a ello, les da el espacio, las herramientas y el permiso para hacerlo.
Durante el recorrido en el museo, además de experimentar en cada sección a las que quisieron entrar, los alumnos habrán tomado fotos o video con su celular e incluso antes de salir del lugar los habrán enviado a sus amigos o familiares. También hablaron por teléfono y algunos habrán tomado notas de aquello que se les haya pedido reportar en su agenda portátil.
Otros más al llegar a casa subirán a su red social las fotos del día y platicarán en su “chat” de aquello que les interesó. A la par, probablemente estén planeado otras actividades o poniendo a consideración de sus amigos lo que se hará en los próximos días. Otros más elaborarán el trabajo escolar en equipo, aunque cada uno estará en su casa. La información que les haga falta la buscarán por internet y la integrarán a veces clasificada, analizada y en otras ocasiones de manera textual.
Y si uno se pregunta cómo es que dominan todos esos aparatos habrá respuestas desde que un amigo o un familiar les enseño lo básico, hasta que a base de ensayo y error o con ayuda de los tutoriales fueron adueñándose de la tecnología.
A un ritmo muy veloz el mercado ofrece nuevas aplicaciones, nuevas versiones mejoradas de sus productos a fin de mantener sus ventas. Pero esto no es impedimento para los jóvenes; el día que adquieren un nuevo producto tecnológico tardan muy poco tiempo en entender su funcionamiento. Su lógica ya se apropió de la lógica con la que funciona la tecnología y sólo la ponen en uso.
Este ejemplo nos hace ver que, como dice Papert, la máquina del saber no es más que una pequeña muestra de cómo los nuevos medios modificarán las relaciones de los niños (y los jóvenes) con el conocimiento.
Y no podemos más que coincidir con Jordi Adell cuando refiere que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en todos los ámbitos de nuestras vidas, están cambiando nuestra manera de hacer las cosas: de trabajar, de divertirnos, de relacionarnos y de aprender. De modo sutil también están cambiando nuestra forma de pensar.
Aprender escuchando
El aprendizaje como una alternativa pasiva
Si asistimos a un aula en alguna escuela primaria promedio de México generalmente el panorama que encontraremos será el siguiente: aulas con cupo para aproximadamente 45 niños, hileras de sillas con un mínimo espacio para circular entre ellas, imposibilidad de dar otro acomodo. Si es una escuela pública, probablemente contará con un televisor, una computadora, un cañón y el sistema de Enciclomedia.
Al inicio de clase el maestro señala los contenidos que se abordarán, indicará qué materiales se usarán, de dónde a dónde habrán de leer. Explicará el contenido y los alumnos intentarán mantener su atención en lo que dice el maestro. En ocasiones resolverán algunos ejercicios de su libro. En todo el proceso el alumno escucha, hace lo que le dicen y hasta donde le dicen. Es decir se le señala el qué, cómo, cuándo, con qué y para qué.
Si el maestro está capacitado para el uso de la Enciclomedia la usará como apoyo didáctico en algunos contenidos. Él decidirá qué, cómo y cuándo.
El rol del alumno es netamente pasivo. La inclusión de tecnología en el aula se usa como un recurso didáctico de apoyo secundario y es manejado por el docente.
Al alumno no se le permite opinar qué estudiar y está normado por reglas de conducta verticales que debe seguir a fin de tener lo que se considera un buen aprovechamiento escolar.
A casa, el alumno se lleva tareas predeterminadas por el docente. Y al día siguiente el estudiante regresará a sentarse a escuchar y seguir las órdenes que le indiquen los conocimientos que ha de acumular en esa sesión.
Análisis y discusión
A primera vista podemos observar que existe un abismo en las formas cotidianas de vivir y aprender de los jóvenes en relación a lo que sucede en el aula. La capacidad de elegir qué hacer, cómo hacerlo, para los jóvenes, ha cobrado una dimensión totalmente diferente con la incorporación de la tecnología y en especial del internet.
La interacción que se logra a través de la red fomenta el uso de un elemento central en el desarrollo de la humanidad: la curiosidad y la búsqueda de respuestas.
Este factor que se estimula en los primeros años de vida de los niños es sin embargo, en la sociedad occidental moderna, relegado a un segundo plano conforme el niño va creciendo.
En la visión de los adultos el niño debe aprender sólo lo que ellos consideran necesario y de la manera que juzgan conveniente. En consecuencia este principio se encuentra en los modelos pedagógicos que se practican en la mayoría de las escuelas y son la base de la estructura educativa dictada desde el Estado.
La pedagogía tradicional centrada en un actor activo, que es el maestro y un alumno en un rol pasivo, conforman una dupla en la que el saber es entregado al alumno como un conocimiento ya terminado y no como un proceso que deba construir por sí mismo. El saber lo poseen unos cuantos y se transmite sólo en el espacio y con las técnicas consideradas adecuadas: la escuela, el maestro, los libros.
Sin embargo este concepto y modelo de enseñanza ha sido cuestionado desde hace ya varios años.
El avance en el desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha propiciado un cambio en las formas cotidianas de aprendizaje, convivencia e interacción humana y abre un espectro enorme de posibilidades para una nueva relación en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Los jóvenes y su interacción con la tecnología son una ventana a los diferentes escenarios posibles en el aprendizaje humano que deben considerarse al plantear la política educativa de cualquier país.
Adell señala que los roles de profesores, alumnos y personal de apoyo deben adaptarse a los nuevos entornos. No sólo se trata de adquirir conocimientos generales sobre cómo usar los nuevos medios, sino también de las implicaciones de dichos tipos de comunicación en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Los estudiantes deberán adoptar un papel mucho más activo, protagonizando su formación en un ambiente muy rico en información.
Pero se les debe dar el espacio para ello. Un ambiente escolar enriquecido con tecnología requiere a su vez un modelo pedagógico que privilegie la iniciativa e intereses del alumno. La búsqueda de respuestas a sus inquietudes debe llevar una orientación de las opciones que tiene para adquirir las respuestas. El rol del maestro debe cambiar hacia ser un guía en el aprendizaje que el alumno debe construir; en ello la tecnología juega un papel esencial pues lo ayuda a ser intelectualmente independiente, lo cual tendrá sus efectos en el tipo de adulto que se estará formando.
Pero para lograr esto se necesita voluntad política para hacer los cambios necesarios en infraestructura, en capacitación pedagógica, en actitudes ante la resistencia al cambio en los adultos a fin de no coartar el desarrollo de los jóvenes. Sin embargo la tendencia hacia estos cambios parece irreversible.
Reencontrarse con las maneras naturales de aprender, incorporarlas en el sistema educativo, teniendo la ventaja de contar ahora con herramientas tecnológicas que potencian enormemente este proceso, transformará a la sociedad humana tal como la conocemos.
Hacia dónde nos encaminamos es una pregunta que habrá que plantearse desde ahora para poder encauzar estos cambios hacia la creación de una sociedad más justa e incluyente.
Bibliografía
ADELL, Jordi (1997) Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías de la información, en: EDUTEC Revista Electrónica de Tecnología Educativa, Núm. 7. noviembre 1997, Dpto. Ciencias de la Educación, Universidad de las Islas Baleares, con la colaboración de la Asociación de Usuarios Españoles de Satélites para la Educación (EEOS). Consultado en:http://www.uib.es/depart/gte/edutec-e/revelec7/revelec7.html
PAPERT, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós
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